“A quienes recen este rosario, Me
complazco en darles lo que Me pidan. Cuando la recen los pecadores
empedernidos, colmaré sus almas de paz y la hora de su muerte será
feliz. Escríbelo para las almas afligidas:
Cuando un alma vea y conozca la
gravedad de sus pecados, cuando a los ojos de su alma se descubra
todo el abismo de la miseria en la que ha caído, no se desespere,
sino que se arroje con confianza en brazos de Mi misericordia, como
un niño en brazos de su madre amadísima (...) Proclama que ningún
alma que ha invocado Mi misericordia ha quedado decepcionada ni ha
sentido confusión. Me complazco particularmente en el alma que
confía en Mi bondad. Escribe: cuando
recen este rosario junto a los moribundos, Me pondré entre el Padre
y el alma agonizante no como el Juez justo sino como el Salvador
misericordioso” (Diario, 1541)
“Cuando delante de
un agonizante se reza este rosario, se aplaca la ira Divina
y la insondable misericordia envuelve al alma” (Diario, 811).
El Señor Jesús me dijo:
“Has de saber, hija Mía, que Mi
Corazón es la Misericordia Misma (...) Deseo que esta misericordia
se derrame sobre el mundo entero a través
de tu corazón. Cualquiera que se acerque a ti, no puede retirarse
sin confiar en esta misericordia mía que tanto deseo para las almas.
Reza, cuanto puedas, por los agonizantes, impetra para ellos la
confiaza en Mi misericordia, porque son ellos los que más necesitan
la confiaza quienes la tienen muy poca” (Dario, 1777).
“Hija Mía, ayúdame a salvar a un
pecador agonizante; reza por él este rosario que te he enseñado.
Al empezar a rezar el rosario, vi a aquel moribundo entre terribles
tormentos y luchas. El Ángel Custodio lo defendía, pero era como
impotente ante la gran miseria de aquella alma (...)
Mientras rezaba el rosario, vi a Jesús tal y
como está pintado en la imagen. Los rayos que salieron del Corazón
de Jesús envolvieron al enfermo y las fuerzas de las tinieblas
huyeron en pánico. El enfermo expiró sereno” (Diario, 1565).
“Me relaciono a
menudo con almas agonizantes impetrando para ellas la misericordia
de Dios. Oh, qué grande es la bondad de Dios, más grande de lo que
nosotros podemos comprender. Hay momentos y misterios de la Divina
Misericordia de los cuales se asombran los cielos. Que callen
nuestros juicios sobre las almas, porque la Divina Misericordia es
admirable para con ellas” (Diario, 1684).
“La Divina
Misericordia alcanza al pecador a veces en el último momento, de
modo particular y misterioso. Por fuera parece como si todo
estuviera perdido, pero no es así; el alma iluminada por un rayo de
la fuerte y última gracia divina, se dirige a Dios en el último
momento con tanta fuerza de amor que en ese último momento obtiene
de Dios [el perdón] de las culpas y de las penas, sin darnos, por
fuera, alguna señal de arrepentimiento o de contrición, porque ya no
reacciona a las cosas exteriores. Oh qué insondable es la Divina
Misericordia. Pero, ¡qué horror! también hay almas que rechazan
voluntaria y conscientemente esta gracia y la desprecian. Aún ya en
la agonía misma Dios misericordioso da al alma un momento de lucidez
interior y si el alma quiere, tiene la posibilidad de volver a Dios.
Pero, a veces, en las almas hay una dureza tan grande que
conscientemente eligen el infierno; frustran todas las oraciones que
otras almas elevan a Dios por ellas e incluso los mismos esfuerzos
de Dios...” (Diario, 1698).
“La unión con los
agonizantes. Me piden oraciones; puedo rezar, el Señor me ha dado
misteriosamente el espíritu de la plegaria, estoy continuamente
unida a Él. Siento plenamente que vivo por las almas, para
conducirlas a Tu misericordia, oh Señor;
para tal fin ningún sacrificio es demasiado pequeño” (Diario, 971).
“Al sumergirme en
la oración y unirme a todas las Misas que en ese momento se estaban
celebrando en el mundo entero, rogué a Dios, a través de todas esas
Santas Misas, la misericordia para el mundo y especialmente para los
pobres pecadores que en ese momento estaban en agonía. Y en aquel
momento dentro de mí recibí la respuesta de Dios de que mil almas
habían recibido la gracia a través de la oración que yo había
elevado a Dios. No sabemos el número de almas que podemos salvar con
nuestras oraciones y nuestro sacrificio, por eso oremos siempre por
los pecadores” (Diario, 1783).
“Oh vida gris
monótona, cuántos tesoros encierras! Ninguna hora se parece a la
otra, pues la tristeza y la monotonía desaparecen cuando miro todo
con los ojos de la fe.
La gracia que hay para mí en esta hora no se repetirá en la hora
siguiente. Me será dada en la hora siguiente, pero no será ya la
misma. El tiempo pasa y no vuelve nunca.
Lo que contiene en sí, no cambiará jamás; lo sella con el sello para
la eternidad”
(Diario, 62).
“Oh, cuánto
deberíamos rezar por los agonizantes; aprovechemos la misericordia
mientras es el tiempo de compasión”(Diario, 1035).
“...El Señor me
hizo saber cuánto desea que el alma se distinga en el amor activo
y vi en mi interior cuán grande es el número de almas que nos piden
gritando:
Denos a Dios; y ardió en mí la sangre apostólica. No la escatimaré
sino que la daré hasta la últuma gota por las almas inmortales;
aunque, quizá, Dios no lo pida físicamente, pero espiritualmente
esto es posible para mí, y no menos meritorio” (Diario, 1249).
“Diles a Mis
sacerdotes que los pecadores más empedernidos se ablandarán bajo sus
palabras cuando ellos hablen de Mi misericordia insondable, de la
compasión que tengo por ellos en Mi Corazón. A los sacerdotes que
proclamen y alaben Mi misericordia,
les daré una fuerza prodigiosa y ungiré sus palabras y sacudiré los
corazones
a los cuales hablen” (Diario, 1521).
“Hija Mía, mira
hacia el abismo de Mi misericordia y rinde honor y gloria a esta
misericordia Mía, y hazlo de este modo: Reúne a todos los pecadores
del mundo entero y sumérgelos en el abismo de Mi misericordia”
(Diario, 206).
“Penetra en Mis
secretos y conocerás el abismo de Mi misericordia para con las
criaturas y Mi bondad insondable, y harás conocer ésta a todo el
mundo. A través de la oración intermediarás - entre la tierra y el
cielo” (Diario, 438).